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Priv; El Primer Día.

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Priv; El Primer Día.

Mensaje por Emerick el Vie Ago 22, 2014 10:12 am

Algunos dicen que abandonar Templum COR es el primer paso para la libertad, otros dicen que no importa a donde vayas, nunca serás libre. Soy partidario de lo segundo, las criaturas como yo no tienen oportunidad de ser libres en un mundo gobernado por la crueldad de los humanos. Mi traslado a Inmemoriam fue una experiencia desagradable y no quisiera repetir algo como aquello. Puedo recordar el preciso momento en el cual a un grupo de Daemons nos reunieron sin razón alguna, eramos los mayores del lugar y ninguno estaba al tanto de lo que sucedía. Uno a uno formamos una larga columna, se nos llevó a un vehículo luego de asignarnos números diferentes y al minuto siguiente nos encontrábamos viajando a un lugar desconocido. ─ ¿Te encuentras bien, M? ─ preguntó el chico con rasgos de reptil. Se trataba de Marcus, un buen colega a quien había conocido en mis últimos días como residente de Templum y resultó ser un gran amigo. ─ Lo siento, soñaba despierto. ─ en aquel momento me encontraba en un rincón de la "habitación" donde vivíamos un total de siete Daemons incluidos Marcus y yo. Era un lugar muy triste en comparación a nuestra antigua casa, pero por alguna razón, resultaba agradable. ─ Deberás permanecer bien si no quieres regresar a ese lugar. Además, es una condición para ser adquirido. ─ respondió el chico mientras tomaba asiento junto a mí, con esa amplia sonrisa dibujada en su rostro como lo hacía todo el tiempo y a un aire de indiferencia increíble. ─ Basta. ─ jamás pude sentirme bien respecto al tema de ser una mascota y la simple idea de llevar un collar no terminaba de entrar en mi cabeza.

Tan solo un segundo después de mis palabras, la puerta de la habitación se abrió dejando pasar a una linda chica de cabellera violeta. ─ Momento de las fotos. ─ exclamó en un tono dulce y desagradable al mismo tiempo. No parecía ser intencional pero con tan solo su presencia hacía temblar a todos los presentes. Fui el primero en colocarse de pie y pasar a su lado para abandonar la estancia, mis compañeros me siguieron en el acto y en un abrir y cerrar de ojos, nos encontrábamos formando frente a una pared con aquella chica a la cabeza. En cuanto inició la caminata, todos seguimos como si no pudiéramos hacer más que eso. Pasamos a través de al menos cuatro amplios pasillos y luego junto a una ventana tan impecable que no parecía estar allí. Al otro lado podía observar lo que de seguro eran humanos, con cámaras, bebidas y quien sabe cuantas cosas más. Muchos de ellos estaban encantados al vernos caminar como si se tratase de un algún acto y otros se dedicaban a observar pensativos.

Al terminar de cruzar aquella ventana, tiempo durante el cual no les di el gusto de sonreír u observarles como hacían el resto de los Daemons, exceptuando a Marcus de quien conocía el odio hacia los humanos. ─ Espero un buen comportamiento, puede que una linda foto les separe de tener un amo a regresar a las instalaciones de Templum. ─ dijo la chica tras detenerse frente a un telón de color azul claro. ─ Emerick, por favor. ─ con su mano señaló una silla frente al telón, era muy pequeña y de seguro no se vería en la foto. Luego de sentarme en ella, la chica se colocó frente a mi separada por unos escasos dos metros con una pequeña cámara de color negro en sus manos. ─ Sonríe. ─ pidió sin lograr su cometido pues para cuando se accionaba el flash, mi rostro permanecía inmóvil. ─ ¿Puedo volver a mi habitación? ─ pregunté colocándome de pie por segunda vez en menos de cinco minutos. El silencio de Anna (la chica) era más que suficiente para entender. Resignado, volví a la formación y permanecí callado hasta que el último Daemon había sido fotografiado. ─ Muy bien, hoy tendremos una gran tanda de clientes deseosos de adquirir a cualquiera de ustedes. ─ comentó mientras revisaba cada foto, ofreciendo una mueca de vez en cuando cuando me miraba a mi o a Marcus.─ Como ya lo he dicho, esperaré un buen comportamiento de ustedes. ¿Entendido? ─ preguntó clavando aquellos ojos castaños sobre los míos. ¡Entendido!, se escuchó al unisono antes de dirigirnos a una linda puerta de madera.

La siguiente habitación debía ser la más linda que jamás había visto en mi vida. Contaba con un montón de sillones, plantas, paredes de cristal a través del cual se podía apreciar la calle donde se ubicaba la tienda y un par de sujetos a cada lado de una puerta donde podía leer un aviso de color rojo: "Cerrado". ─ Está cerrada, es un alivio. ─ exclame cruzándome de brazos mientras los otros Daemon procedían a sentarse cada uno por su lado. ─ Del otro lado puede leerse "Abierto", malas noticias para ti, colega. ─ dijo Marcus dándome un par de palmadas en el hombro antes de dejarse caerse sobre un puff vinotinto.

Emerick



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Re: Priv; El Primer Día.

Mensaje por Aria Levaillant el Vie Ago 22, 2014 2:58 pm

Se miró al espejo por la millonésima vez, su reflejo le parecía tan raro con tanta joya ostentosa y ese vestido que solo le impedía respirar. Odiaba el usar tales prendas, a pesar que a una parte de ella le gustaba, el lado racional le decía que estaba mal.

Soltó un suspiro, para luego arreglarse aquel largo mechón que solía dejar libre, no importaba cuantas veces su abuelo le hubiese reclamado, ella no lo dejaría de usar. Sintió como el hombre que la cuidaba como si su “padre” fuese tocaba la puerta de su cuarto, indicándole que estaban por partir.

Miró por la ventana del vehículo en la cual la solían transportar, el cual parecía más un tanque que un auto ¡Qué ridículo! Sabía que su abuelo era un anciano, pero la demencia senil lo debía tener bastante mal como para comprar tal cosa (porque además era horrible). De reojo vio al hombre que la seguía como si de un perrito te tratase, notando como él la veía.

¿Me repites el por qué vamos a comprar un Daemon? — preguntó mientras sus ojos se movían de un lado al otro por el pasar de los edificios

Necesitamos alguien que la cuide — le respondió el hombre como si aquello fuese sumamente normal

¿Para eso no estás tú? — le contestó algo mordaz, realmente odiaba que la mano derecha de su abuelo la vigilara de tal manera

Quedó un silencio en el ambiente, en el cual ninguno de los dos soltó alguna otra palabra, realmente la muchacha no quería tener un Cruhtheo dos rondando la casa, así nunca podría ser libre ¡Qué molestia! Mas ahora que estaba tan cerca de conseguir que su plan funcionara.

Notó como el auto se detenía, indicándole que habían llegado. No pudo evitar hacer un pequeño mohín, mirando al hombre que la escoltaba constantemente, sin embargo éste no funcionaría de ninguna manera. Bajó lentamente, en un paso fúnebre hasta llegar al edificio en el cual una muchacha los recibió fuera.

Bienvenidos, hoy tenemos invitados muy especiales por lo que veo— le sonrió obviamente, después de todo estaba a punto de venderles o un producto… o eso pretendía — Antes que nada me gustaría mostrarles un poco de lo que encontrarán, algunos datos importantes…

Les tendió unas hojas con imágenes y algunos datos, ambos por su parte tomaron las hojas, sin embargo parecieron hacer cosas completamente opuestas. Aria por su parte miró la información como si fuese lo más interesante del mundo, pero en realidad nisiquiera estaba leyéndolo. Cuando pretendió terminar se lo regresó, sin antes soltar una sonrisa de cortesía.

Pudo notar el ceño fruncido del hombre, seguramente sabía lo que había ocurrido, sin embargo lo ignoró, como siempre lo hacía.

Tomó el pomo de la puerta, la cual contenía un cartel que indicaba que estaba abierto para entrar algo nerviosa ¿Qué se encontraría dentro? Sintió unas intensas miradas sobre sí misma que le pusieron los pelos de punta. Sus piernas temblaron un poco al encontrarse con tantos ojos observándola, agradecía que llevaba vestido o seguramente todos lo habrían notado.

Debía calmarse y no mostrarse como una chiquilla ¡Menos frente a Cruhtheo!  De forma inconsciente buscó con la mirada al hombre que ella decía “odiar” pero siempre estaba allí, brindándole apoyo (aun que él no quisiera) como si esperaba que él le dijera que hacer. Pudo notar una sonrisa ladina por parte del muchacho, haciéndola entrecerrar los ojos, como si esto fuese un reto.
Forzó a su mente, debía recordar un nombre… Se tardó unos segundos hasta que algo se le vino a la cabeza. Sonrió de forma satisfactoria, para luego buscar al individuo el cual recordaba tan bien.

¡Oh! — caminó lo más rápido que pudo, hacia el susodicho — Eres Marcus ¿No? Mi nombre es Aria, mucho gusto

Notó como el ceño del “enemigo” se fruncía, sacándole una pequeña risita… al parecer le había dado en el blanco.

Aria Levaillant



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Re: Priv; El Primer Día.

Mensaje por Emerick el Mar Ago 26, 2014 9:18 am

La primera tanda de humanos había dado inicio con lo que sorprendentemente eran solo dos de ellos. « Raro. » pensé al observar aquello. Aún así me daba igual si eran dos o veinte, no estaba en mis planes charlar con algún humano para luego terminar con su mascota, eso jamás. Mientras tomaba asiento en uno de los sillones cercanos a Marcus, sonreí luego de observar a la chica que esperaba junto a un hombre tan grande como un gorila. Era linda, de eso no había duda. Sus ojos eran tan parecidos a los propios que durante un llegué a creer que eran los mismos. No era muy alta y aparte de su vestido ─ al parecer bastante caro ─ su cabellera robaba las mirada de todos los Daemon presentes, todos exceptuando a mi colega quien cruzado de brazos tomaba una siesta sobre el puff.

El primer objetivo de la rubia era ni más ni menos que el enemigo número uno de los humanos de todo el grupo, Marcus. Llegó hacia él con una leve exclamación que le sacó de su ensimismamiento y luego procedió a presentarse. « Así que su nombre es Aria. Esto será divertido, para mí, claro. » pensé tan pronto mi compañero abría sus ojos para detallar la apariencia de la chica. ─ Si, soy Marcus. ─ respondió tan fríamente que incluso yo pude sentir como si me echaran un balde de agua fría. Todas las miradas estaban entre Marcus y Aria, se sabía bien como reaccionaría el Daemon rebelde del lote y ser la primera elección del día había sido un tremendo error por parte de los humanos. ─ ¿Mucho gusto? ─ preguntó entre risas mientras extendía su brazo para dar un par de palmadas sobre mi pierna con la atención de llamar mi atención. ─ ¿Has escuchado eso, M? ─ dijo mientras clavaba la mirada sobre la de Aria. ─ Es un gusto para ella conocerme. ─ sonrió sacudiendo su cabello justo antes de colocarse de pie.

Tanto el gorila que acompañaba a la chica como yo, reaccionamos de inmediato. El primero solo necesitó un par de pasos para colocarse junto su protegida dejando en claro la diferencia de tamaño entre uno y otro. Entre tanto, yo me adelantaba a Marcus colocando el brazo en horizontal sobre su pecho. Podía sentir los latidos de su corazón golpeteando sobre mi antebrazo, consiguiendo una sensación idéntica a la de la lluvia. ─ Lo siento mucho, Aria. ─ comenzó Marcus con aquella malévola sonrisa dibujada en su rostro. ─ Suficiente, piensa en lo que haces. ─ susurré al joven mientras colocaba mi otra mano sobre su hombre para hacerle retroceder. Pero él no podía prestarme atención, su odio incrementaba cada vez más y en cualquier momento explotaría. ─ Esto te costará un viaje a Templum, por favor. ─ insistir con él era una batalla perdida, mi presencia era nula en la habitación y solo quedaba esperar lo peor.

El movimiento de su mano fue superior a mi reacción. Había arrojado un puñetazo tan veloz al rostro de la chica que ni siquiera tuve la oportunidad de evitarlo. Por suerte, aquel gorila había sujetado el brazo de Marcus a la mitad del camino y ahora lo apretaba con tanta fuerza que le hacía retorcerse sobre el suelo. ¿Dónde demonios estaban los encargados de la tienda? Mis latidos se aceleraban tan rápido como los de Marcus. ¿Por qué nadie detenía aquello? No podía pensar con claridad. ─ ¡¡Basta!! ─ grité sin obtener resultado alguno. Marcus seguía retorciéndose pero aún así sonreía y parecía no querer ser liberado. Con su mirada incentivaba a que el gorila siguiera con aquello y yo solo podía permanecer paralizado a centímetros de ellos. ─ ¡¡¡BASTA!!! ─ el impacto de mi puñetazo fue directamente contra el brazo del guarda, éste soltó a Marcus de inmediato y entonces el Daemon decidió atacar una vez más. Ahora era mi pie el que se enterraba sobre el rostro de mi compañero y le dejaba estampado contra el suelo.

Mis acciones eran razón suficiente para ser enviado de vuelta a Templum. Se cumplirían sobre mi todos aquellos horribles rumores. Me utilizarían como experimento para quien sabe cuantas cosas y luego me dejarían morir. ─ Lo siento... ─ no pude alcanzar a decir mucho más. Caía sobre el suelo, apoyando mi espalda contra el sillón, y miraba a los presentes. Marcus estaba sangrando pero ya no se veía dispuesto a continuar con la pelea. El gorila examinaba su brazo en busca de algún daño y el resto de los Daemon lucían tan asustados que no podían dejar de temblar.

Emerick



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Re: Priv; El Primer Día.

Mensaje por Aria Levaillant el Mar Ago 26, 2014 10:09 am

Esperó que el muchacho con rasgos peculiares hiciera algún movimiento, porque verdaderamente parecía dormido ¿Quizás había sido algo inoportuna? Pensó en hablar con el otro chico que estaba a su lado, cuando éste le respondió, sacándola de sus pensamientos.

Si, soy Marcus.


Su cuerpo tembló al escuchar aquello, realmente no esperaba una reacción de esa forma tan… fría, la gente solía tratarla de otra forma, a veces con una falsa amabilidad que había aprendido a apreciar con el tiempo.

¿Mucho gusto? ¿Has escuchado eso, M? Es un gusto para ella conocerme.


Vio como la altura del Daemon aumentaba de la misma forma que sus latidos, por un momento sus piernas flaquearon por el miedo. No sabía cómo reaccionar, su mente le pedía a gritos el huir de allí y ponerse a salvo, sin embargo su lado racional le respondía que no le haría nada… Lamentablemente su inocencia en aquel momento parecía jugarle una broma pesada.

Crutheo no necesitó más de dos segundos para interponerse entre aquel peligroso ser y ella. No entendía ¿Qué había hecho mal? Su mente no podía procesar aquello… cualquier persona pensaría que nada ¡Lo había saludado de forma amable!

Lo siento mucho, Aria.

Su cuerpo tembló nuevamente, sin embargo la presencia de su guardián parecía calmarla, por lo que se mantuvo quieta, estática como si estuviese en un estado profundo de transe. Vio como el puño del muchacho se dirigió hacia su persona, haciéndola cerrar los ojos y prepararse para lo que venía… para su suerte(o mala suerte)  éste nunca llegó. Aun agarrada con su vestido, notó como estaba intacta, por lo que inmediatamente abrió sus ojos, encontrándose con un terrible panorama. Escuchó los gritos de dolor del muchacho ante el agarre de su guardia ¿Qué debía hacer? Sus sentidos estaban nublados.

Abrió sus labios para decir algo, pero las palabras no salieron solo balbuceos. Miró hacia todos lados, esperando que alguno de los Daemon hiciera algo ¿Por qué no detenían a su compañero? ¿Es que no sabían que esto era un suicidio?

El rubio que la acompañaba al fin había soltado al rebelde ser y este yacía en el suelo sumamente lastimado… no sabía muy bien qué había ocurrido, sin embargo tampoco quería saber. Los guardias ante el espectáculo, entraron para revisar que todo estuviese bien, notado el terrible panorama.

Pudo ver como Crutheo parecía indignado por las acciones del muchacho que estaba apoyado en el sillón, seguramente sólo le dolía el brazo y nada más, aun así conocía a el hombre. El rubio tomó con fuerza aquel bastón que siempre traía consigo, para luego golpear al muchacho en el brazo, en el mismo lugar que a él le dolía por el puñetazo.

¿No te han enseñado en qué posición estás, Daemon? — soltó la frase con desprecio para luego hacer un ademán de seguir con el “castigo”

Basta — pronunció en un susurro casi inaudible, que fue escuchado por el hombre, deteniendo sus actos de inmediato

La chiquilla se quedó quieta, en medio de la sala, viendo como su acompañante pasaba por su lado sin dedicarle ninguna palabra. Era su culpa, pero nadie era capaz de decírselo o quizás era que ninguna persona se atrevía a decírselo.

Sintió como unas pequeñas lagrimillas parecían amenazar con salir, sin embargo no las dejó ¡Debía ser fuerte! Soltando un largo y pesado suspiro, caminó hacia el sillón, quedando en frente del pobre chiquillo que se había involucrado por su culpa. Separó sus labios para decir algo, lamentablemente palabras no salían nuevamente ¿Qué podría decirle? “Lo siento por hacer que los devuelvan a Templum” Claro que no.

¿E-estás bien? — preguntó aun con el corazón en la mano, mientras en la lejanía pudo oír como la recepcionista decía algo como “lástima, tenían potencial” para luego indicarles que les darían algo muy especial por el incidente — Lo siento M...

Sabía su nombre o eso creía, después de todo nunca olvidaría cada segundo de lo vivido, era algo que quedaría en su mente por siempre.

Aria Levaillant



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Re: Priv; El Primer Día.

Mensaje por Emerick el Mar Ago 26, 2014 4:23 pm

Todo se había ido a la basura, en cuestión de días, quizás esa misma noche, terminaría camino a Templum y ese sería el final de mi historia. Uno de muchos Daemon utilizado para experimentos, vaya porquería. Coloqué ambas manos sobre mi pálido rostro y fue allí cuando sentí un fuerte golpe en el brazo. No reaccioné. La voz del hombre se escuchó como un susurro distante a pesar de la fuerza impresa en cada palabra. Había perdido el aliento, temblaba con tanta fuerza que apartaba el sillón cada vez que me apoyaba sobre él. ¿Estás bien...? Era extraño, no podía escuchar muy bien. Me encontraba sumergido en el terror. Volver al Templum significaba perder la última pizca de libertad, lo que tanto añoraba. Lo siento M... Su voz era dulce, suave, parecía real... No, era real.

No quiero morir. ─ susurré lo suficientemente fuerte como para que solo aquella chica pudiese escuchar mi voz. ─ No quiero morir. ─ repetí. Era cierto, no quería morir, no quería volver a Templum. Mi mirada estaba perdida en la ajena. Suplicaba por misericordia y aún así era capaz de recordar las normas de ser un Daemon mascota. Intenté tomar sus manos, pero retrocedí. El dolor ocasionado por aquel bastón producía un pinchazo en mi brazo y necesitaba recogerlo o explotaría en llantos. Desvié la mirada sobre el gorila. La expresión de su rostro me resultaba asquerosa. El deseo de arrancarle aquella mueca de los labios a puñetazos crecía en mi con rapidez. Pero no podía hacerlo. No con aquella chica frente a mi. ¿Por qué le había defendido? Yo nunca me consideré igual a Marcus, compartimos muchas ideas, si, pero jamás odié a los humanos. Se me inculcó un asqueroso amor hacia ellos pero jamás le presté atención. Solo pensaba que sus acciones no eran las mejores y mucho menos las correctas, eso no era razón para odiar. Pero de ahí a defender a un humano había mucha distancia, especialmente tratándose de un desconocido.

Mis ojos regresaron a la rubia, si tenía esperanza alguna de vivir sería gracias a ella. ─ No... ─ suspiré. ─ ...No me dejes morir. ─ pedir ayuda a un humano. Ese era el limite. Se trataba de la raza capaz de arrancar mis alas. De adiestrarme como un simple animal para servir a ellos como mascota. Pertenecía a la que me encerró durante toda mi vida y ahora dependía de ella para vivir.

Un par de metros a mi izquierda pude escuchar algunos pasos. Lo siguiente fueron los gritos de Marcus cuyo rostro ensangrentado había dejado un recuerdo de lo ocurrido sobre la alfombra. Gritaba como loco mientras un par de trabajadores lo llevaban de vuelta a nuestras habitaciones. ─ ¿Dónde está Emerick? ─ aquella voz me aterraba. Se trataba del mismo sujeto encargado de traerme desde Templum, no podía olvidar el tono de su voz, estaba grabado en cada parte de mi mente. ─ No, no, no. ─ repetí una y otra vez mientras me arrastraba al otro lado de la habitación colocándome de pie al mismo tiempo. Mi brazo estaba matándome, soportar el dolor era demasiado y no podía creer que todo eso era debido a un puñetazo y el golpe de un bastón. ─ Conoces las reglas. ─ agregó el sujeto de cabellera rojiza. ─ ¡NO! ─ una lágrima se derramó sobre mi mejilla. El guarda de Aria sonrió ante la señal de debilidad y el trabajador de Templum se acercó a mí lentamente. Me dejé caer sobre el suelo, todo estaba perdido, ya no había más que hacer, solo simplificar su trabajo.

Emerick



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Re: Priv; El Primer Día.

Mensaje por Aria Levaillant el Mar Ago 26, 2014 5:18 pm

Esperó una reacción, preocupada por el brazo del muchacho, sabía que la fuerza del rubio era inmensa, más si lo había golpeado con aquel bastón, estaba preocupada y en parte impotente ¿Qué debía hacer? No tenía ni la menor idea… después de todo su abuelo solía decidir todo por ella, aun que quisiera o no; a veces pensaba que el anciano seguramente sería completamente feliz si pudiese meterla dentro de una caja y llevarla consigo siempre.

No quiero morir


Palabras fuertes habían salido de los labios del muchacho, causándole un fuerte pinchazo en el pecho, ella sabía que eso pasaría sin embargo el hecho de escucharlo… era un efecto muy parecido a una película, cuando se veía por la pantalla, una muerte no tenía el mismo peso que el vivirlo en carne propia.

No...No me dejes morir.


Las súplicas del muchacho parecían traerla de nuevo al mundo real, como si un balde de agua fría fuese ¿Qué debía hacer? Sabía cómo hacerlo, era una única opción. Miró a su cuidador, mientras éste parecía notar las intenciones de la muchacha.

No — le respondió secamente, mientras recordaba lo rebelde que había sido aquel Daemon y eso no mostraba buenas señales en un ser de ese tipo — No lo discutiré contigo, tienes un montón para elegir, mejores que ese… si hubieses leído la información, nada de esto habría ocurrido

Su mirada se posó en el suelo, realmente era su culpa… y no podía negarlo. Le parecía irónico que el único que la regañara contantemente (aunque le gustara o no) fuese la mano derecha de su abuelo, nadie más se atrevía a hacerlo (salvo su único familiar, pero lo veía tan poco que realmente no lo contaba).

¿Dónde está Emerick?


Escuchó una voz ronca, para luego notar como el muchacho parecía entrar en un pánico inmenso. Se le acababa el tiempo y sabía que el hombre no daría su brazo a torcer, después de todo si no le permitía ni tener una mascota ¿Cómo la dejaría llevarse al albino? Le miró suplicante por última vez, para darse cuenta que no llegaría a nada… no de esa forma.

Cerró los ojos, para luego abrirlos decidida. Odiaba hacer eso, era como cambiar a otra persona que no era ella, pero que había tenido que aprender a actuar si quería agradar a su abuelo, porque la niñita chillona que lloriqueaba por todo no era merecedora del apellido que poseía.

Le dio la espalda a su acompañante para caminar hacia el último actor de aquel show, el cual tomó al magullado muchacho listo para llevárselo por donde Marcus se había ido entre quejas. Sus tacones resonaron, mientras todos veían el espectáculo espectantes.

Suéltelo — le habló enfrentándose a aquel hombre, mientras sus piernas flaqueaban al ver la diferencia de alturas entre ambos

¿Qué has dicho? — preguntó el aludido, mientras levantaba una ceja incrédulo — ¿Es qué acaso te has encariñado con él? — soltó una desagradable risa — Niña, este juguete está roto, tengo que regresarlo a la fábrica

¿Cuánto quiere por él? — preguntó seria sorprendiendo a todos los presentes — Le daré el doble… no, le daré lo que usted pida, el dinero no es un problema

Pudo escuchar a Crutheo en su cabeza, regañándola, pero el tiempo de negociar se había acabado. Caminó a paso lento hacia el rubio, para dedicarle una mirada fría, una que él podía reconocer muy bien.

Págale la cantidad que pida — le ordenó, mientras veía como el hombre hacía un ademán de contestarle — No te lo estoy preguntando…

Caminó hacia la salida, sin mirar atrás, para luego encerrarse en aquel vehículo que la había traído a aquel lugar. Seguramente tendría unos minutos a solas antes que su vigía llegara con el muchacho, por lo que aprovecharía la soledad. Sintió como las lágrimas salían sin detenerse, mientras su mente se repetía una y otra vez que se estaba convirtiendo que aquel monstruo que tanto temía ser.

Aria Levaillant



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Re: Priv; El Primer Día.

Mensaje por Emerick el Lun Sep 01, 2014 7:13 am

He dejado de forcejear pero aún así no siguen arrastrándome hacia las habitaciones. Desde hace un minuto no puedo distinguir las voces del pequeño salón pero sé que algo está sucediendo. Aquella chica abandona el lugar y con ella se largan todas mis esperanzas. ─ Maldita sea... ─ luego de que el gorila me arroja una mirada llena de odio, mi captor me libera aún sin permitirme entender que sucede. El resto de los Daemon son escoltados a las habitaciones por un par de trabajadores y ahora solo nos encontramos el gorila, el hombre de Templum, la chica de las fotografías y yo. Todos permanecemos inmóviles durante un par de segundos hasta que el robusto guarda de Aria aferra su mano en mi brazo y me empuja hacia el mostrador.

El sujeto de Templum luce tan enojado que de un momento a otro podría molerme a golpes, a pesar de ello, da una pequeña reverencia y desaparece detrás de la puerta por donde llegó. ─ ¿Q-qué sucede? ─ susurro asustado. El agarre del gorila empieza a causarme un gran dolor y no puedo mover mi brazo sin sentir una punzada en cada músculo de éste. Ignora mis palabras. Lo único que hace es tomar un pequeño bolso, muy extraño, y saca un pedazo de papel de color azul. La chica de las fotografías le alcanza un bolígrafo sin decir ni una sola palabra y me mira de reojo, asustada. Aquel gorila realiza un extraño garabato sobre el papel y escribe un montón de números, ceros más que cualquier otra cosa. Han de ser créditos, en mi antigua... casa, me enseñaron su utilidad. Está comprando algo. Me toma bastante darme cuenta de que soy ese algo y que en breve seré una mascota.

Siento algo raro sobre mi cuello luego de que el hombre entrega el papel azul. Me han colocado uno de esos famosos collares. Es pesado, frío y está muy ajustado. La chica habla con el guarda mientras toco con mi brazo libre los costados del objeto. Tener aquella cosa alrededor de mi cuello causa una sensación muy extraña. Me siento apresado y al mismo tiempo libre. Podré abandonar la tienda y con ello estaré mucho más lejos de Templum. Pero eso significa que de ahora en adelante serviré de mascota a ese guarda o a la chica, no importa a quien, seré un simple esclavo.

Todos esos horribles pensamientos me invaden e intento retirarme el collar. Tan pronto coloco mis dedos junto a mi piel, siento como todo mi cuerpo se estremece y caigo de rodillas, adolorido. ─ ¿Qué tal se siente? ─ pregunta el gorila. Ahora estamos solo él y yo en la sala, aquella chica ha desaparecido tan rápido como el trabajador de Templum. ─ Quiero decirte un par de cosas antes de ir al auto, Daemon. ─ su mano rodea mi cuello y me levanta sin ninguna dificultad. ─ Harás todo lo que yo diga... ─ exclama apretando cada vez más fuerte. ─ ...Y ni se te ocurra resistirte. ─ me suelta y a penas puedo mantenerme de pie. ─ Entendido. ─ digo mientras él camina y me obliga a seguirle con una señal de su mano.

Al salir de la tienda puedo observar cuan grande es la ciudad. Nunca tuve la posibilidad de caminar por una calle y encontrarme allí sería totalmente maravilloso de no ser por la condición actual. Frente a los dos hay un vehículo muy raro, es enorme e imponente, aquel gorila se ve pequeño cuando pasa por delante de él. ─ Una última cosa, Daemon. ─ dice mientras abre la puerta delantera. ─ Te dirigirás a mí como señor. ─ indica subiendo al auto. Le sigo tan rápido como me es posible, no quiero ser abandonado allí, aunque quizás sea lo mejor. Me acerco a una de las puertas y en cuanto abro ésta puedo observar a la chica sentada de ese lado. El miedo me invade y cierro la puerta inmediatamente. Doy la vuelta al auto en una carrera y entro por el otro costado.

Me encuentro junto a mi dueña, después de todo, es ella quien ordenó mi compra o al menos eso llegué a entender. Dirijo la mirada al suelo y aferro ambas manos a mis piernas mientras el gorila pone en marcha el vehículo, sacudiéndome levemente. El silencio se apodera del ambiente y no quiero ser quien deba romperlo, aún así, le debo la vida a esa chica. ─ Gracias... ─ susurro observando de reojo a la rubia. ─ ...Aria.

Emerick



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Re: Priv; El Primer Día.

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