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Mala suerte para ti. [Priv.]

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Mala suerte para ti. [Priv.]

Mensaje por Zadkiel Scarlet el Dom Ago 03, 2014 9:07 am

Con un cigarro humeando en su diestra y con el televisor encendido, Zadkiel pasaba la aburrida noche -como tantas para él- en el recinto de Templum Cor. Lo único que le hacía disfrutar con cierto júbilo del anochecer era el diluvio que azotaba la ciudad en esos momentos. Los truenos eran fuertes, el cielo parecía que se iba a quebrar a la mitad y el ruido de las gotas golpeaba sobre el techo como si fuesen balas. Sin duda alguna le agradaba bastante al joven, el cual su mirada estaba centrada en la basura televisiva que había en  la televisión. Ya saben, chimentos, paparazzis… canales de medio pelo que solamente a las dos de la madrugada podrían pasar en una cadena televisiva. De alguna manera u otra, alimentaban el ocio de este muchacho mientras se preparaba para caminar por los corredores y cerciorarse de que todo el recinto estuviese en orden.

Me cago en ti, Zadkiel. No puede ser que siempre que entre a este lugar esté lleno de humo por tu culpa. Eres un asco, ¿no puedes apagar el maldito cigarro? — Le regañó una mujer apenas entró a la sala donde él estaba. Al parecer era compañera suya, mejor dicho, una subordinada.
Jódete, Eloise. Cómprate un extractor de aire o algo. Yo no digo nada cuando comes esas mierdas que dejan un olor asqueroso. ¿O sí lo dije? ¿No, sí?... — Y ahora le reprochó él, parándose en el lugar y mirando por última vez el televisor para luego observarla con un gesto de desapruebo. Ambos chocaron las miradas, enfrentadas, bastantes adversas.
El personal de guardia o de seguridad, como quieran llamarle, compartían una sala que era el espacio de ellos. No era más que un espacio recreativo para descansar, comer y estar mientras cumplían con sus horas laborales y no tenían ningún cargo que atender. Como la comisaría para un vago policía, tal cual.

Dio una última pitada al cigarro, el cual ya estaba casi llegando a la altura del filtro, y luego dejó el mismo en el cenicero de cristal, aplastando lo que quedaba del cigarrillo con sus dedos. Acto seguido, caminó hacia la puerta para  darse vuelta por última vez y mirar a la mujer que al parecer, destapaba un tupper.

Me voy a caminar a ver si veo algo  raro. Deja de  comer esas porquerías, seguirás siendo gorda de todos modos. — Murmuró, intentando ofender a la ajena con una desagradable opinión, que prácticamente logró hacerlo enfurecerla, pues la otra, sentada en una silla, solamente se dignó a mirarlo con bronca y mostrarle el dedo mayor. Zadkiel siempre se molestaba con esta chica porque vivía comiendo brócoli hervido y el olor que dejaba en el ambiente era sin duda alguna bastante asqueroso para él.

Finalmente cerró la puerta de la sala, dándose la media vuelta para comenzar a deambular por todo el recinto. Su trabajo era el de cuidar que en la noche los daemons no se escaparan e hicieran de las suyas. Tenía la orden directa de atraparlos en cuanto quisieran fugarse o escaparse de los lugares donde están retenidos. Aunque ciertamente con el pelirrojo las cosas no eran así, pues a pesar de ser un guardia, jefe guardia, mejor dicho,  él tenía cierta bondad con aquellas criaturas. Siempre se mostró bastante permisivo con ellos y sobre todo, siempre los cuidó. Como en todos lados, están los policías buenos y los policías malos, aunque él estaría en la media.

Mientras caminaba a un paso vago un trueno arribó, pero esta vez fue uno muchísimo más fuerte que el resto, dejando un zumbido incluso en las instalaciones del lugar. Con el mismo, Zadkiel escuchó algunos pasos apresurados y un ruido, a parecer alguien había tirado algo.
Bueno, manos a la obra… — Murmuró para sus adentros y comenzó a aligerar su marca, caminando con un poco más de decisión que antes y así poder encontrar a la responsable de aquel barullo. Algo le decía que cada vez estaba más y más cerca. Cuando más o menos intuyó que estaba cerca de aquella persona, comenzó a caminar con más lentitud, acallando sus pasos. Su mirada estaba al pendiente de lo que pasaba frente suyo, y sus oídos de su alrededor. Nadie haría de las suyas esta noche.
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Re: Mala suerte para ti. [Priv.]

Mensaje por Milla el Dom Ago 03, 2014 11:09 am

El cielo era abrazado por las espesas nubes de color grisáceo totalmente teñidas en tinieblas. Inmóviles descargaban sus lágrimas por aquel camino. Cada cierto tiempo estas eran iluminadas y con ello un gran resonar, los truenos se volvían cada vez más violentos a medida de que la lluvia aumentaba arrastrando consigo con toda ferocidad las ramas de los arboles. La oscuridad reinaba mas alguna que otra lámpara de poste iluminaba el sendero para aquellos de busca escapar de las aguas. Hasta el momento el lugar parecía completamente vacío después de todo ¿Qué alma permanecería ahí con aquel clima? Todos dirían nadie, pero siempre hay un rezagado con mala suerte.

En una esquina apenas oculta de techo minúsculo, una joven permanecía de pie esperando el tiempo mejorara. Estaba completamente mojada, su atiendo como su ropa desprendían gotas. La chica se abrazaba a si misma frotando sus brazos intentando mantener el calor, acto sin resultados gracias a la constante brisa que la golpeaba en cada oportunidad, causante de sus temblores. Por su parte no podía hacer nada más que esperar observando el suelo, mirando como el agua salpicaba sobre los charcos haciendo círculos concéntricos. ¿Qué hacia aquella en ese lugar? Después de un día a las afueras, era hora de volver a su jaula, pero el mal tiempo la atraparía a medio camino.

Se tomo su tiempo en retomar la valentía y salir corriendo hacia otro lado, le resultaba difícil seguir con aquellos estruendosos sonidos a los que tanto temía y dolor le causaban. Una debilidad de un oído tan agudo. Una cuenta regresiva se presento en su mente, el cero era el punto de partida. Tan rápido como pudo, corrió hacia el primer edificio pero las pertas estaban cerradas y nadie a simple vista tras el cristal. Desesperada, volteo a todos lados pero no encontró a nadie. Debía de haber un puerta trasera, se recordó a si misma yendo en su búsqueda.

Algunos truenos le harían dar pequeños saltos en el proceso de búsqueda pero la fortuna sonreiría finalmente. La puerta metálica a un par de metros estaba entre abierta. La calidez de la luz apenas visible la atrajo y sin importarle cuan desconocido fuese aquel lugar no dudo en entrar. Un oasis. Aun cuando ansiaba el calor solo fue recibida con el frio condensado del aire acondicionado que salió de los conductos. La temperatura seguía igual pero en algún momento se secaría, esa era la esperanza. Se trataba de una especia de habitación de almacenaje, deductivo por las numerosas cajas apiladas que ocupaban casi todo el espacio y sobre una de ellas se encontraba una manta enorme algo sucia acompañada de algunas latas.

-Suerte…- su voz era temblorosa, notorio incluso al ser un murmuro. La rubia no espero mucho para tomar la manta y abrazarse a esta haciendo caer las latas por el brusco agarre, no le importo en aquel momento. Estaba más concentrada en calentarse que los ruidos y problemas en los que podría meterse. Se rodeo con el trapo hasta la cabeza, acomodándose entre cajas. –Todo estará bien.- se animaba a sí misma, nada pasaría… o al menos eso esperaba hasta escuchar pasos acercándose cada vez mas. Se oculto el rostro con ambas manos repitiéndose una y otra vez que todo estaría bien, pero el cuerpo te traiciona cuando menos te los esperas. Un estornudo amenazaba con delatar su posición actual, hizo lo posible por intentar no hacerlo, en apariencia lo logro más segundos después este simplemente exploto siendo pequeño pero audible.
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Re: Mala suerte para ti. [Priv.]

Mensaje por Zadkiel Scarlet el Dom Ago 10, 2014 9:33 am

Él aún se mantenía lo más silencioso posible, moviéndose con cautela, a pasos cortos y observando todo el lugar de una manera bastante panorámica y atenta. Poco a poco, se acercaba al lugar donde él pensaba que residió el ruido, el almacén. Para desgracia ajena, aquel ruido no podría disfrazarse ni pasar por desapercibido a esa hora, que era cuando menos movimiento había y mucho más silencio. Sin dudarlo, retiró toda la sutileza de sus movimientos y emprendió camino hacia aquel cuarto, que no era más que un lugar donde ponían todas las cosas rotas y en desuso, así como también algunos irresponsables dejaban las bolsas de las aspiradoras cargadas de tierra y polvo.
De golpe, tosco como siempre, procedió a abrir de golpe la puerta, observando ahora los estantes, la mugre de las paredes y el suelo, sintiendo el olor a polvo. Entró, dejando la puerta semiabierta y comenzó a deambular por el lugar a un paso vago.
— Si estás escondido por ahí, sal. No voy a hacerte daño, pero tampoco me hagas repetir las cosas. — Dijo con una voz un poco alzada, con un deje de molestia y a la vez de reniego. Por la cantidad de cosas que había en el lugar tuvo que empezar a hacer un poco más exhaustiva su búsqueda, tanteando las bolsas, corriendo algunos barriles y a veces tirando algunas latas. Seguramente el ruido que escucharía la temerosa joven no iba  a ser más que  aquellos.

Pero cuando estaba por alzar nuevamente su voz, escuchó aquel estornudo, justo al lado suyo. Ladeó su rostro, observando al costado y vio a una persona tapada con una manta, con su rostro oculto por sus manos. Temblaba y murmuraba en voz baja repetidamente la frase: “todo estará bien”. El rostro del joven no se apiadó, por lo que siguió con esa mirada algo seria y tajante que él solo puede tener. Se acercó unos pasos y se agachó, apoyándose con una rodilla en el suelo. — Hey… ¿Por qué estás con una manta tan sucia? — Negó con su cabeza. De un tirón retiró la manta del cuerpo ajeno, tirándola por ahí. Aquella rubia, coneja al parecer, se veía tan indefensa allí, tan acobardada y temerosa. Sin duda alguna aquello golpeó un poco en la conciencia del muchacho, que se terminó sacando su campera y la dejó en la espalda ajena. — Ponte esa campera, te aseguro que no tendrás frío. Estás algo… húmeda. Ven, te llevaré a un lugar donde podrás secarte y de paso tomar algo caliente. Creo que quedaba algo de chocolate… — Y lo último lo dijo a modo de murmuro, pensando en voz alta e intentando recordar si había algo que pudiera darle. Volvió a ver a la joven para asegurarse si la seguía y así salieron del almacén.

Caminaron por el recinto, lo más seguro es que él la llevase al salón, puesto que allí podría secarse y contarle qué fue lo que le sucedió. —No puedes andar por la noche, en un día de lluvia y de frío por donde quieras. Tienes la mala suerte de que yo te haya encontrado. Bueno, depende de qué tan optimista seas, puede de que haya sido buena suerte, después de todo. — No le iba a decir algo como “tienes la buena suerte de encontrarte conmigo”, él no se creía un héroe ni un salvador al ayudar a la joven.

Fue entonces que volvieron al salón, al abrir la puerta se pudo ver todo lo que había en el lugar un lugar que no era más que una cocina. En el centro había una mesa redonda y unas cuatro sillas, en la pared un televisor que no pasaba las catorce pulgadas y luego la hornalla, alguna que otra tetera y una cafetera. — Si caminas derecho y pasas la puerta que hay frente nuestro, encontrarás un baño. Allí hay un secador de pelo, y bueno… toallas y cosas para mujeres, yo qué sé. — Alzó sus hombros, señalándole la puerta que tenía que atravesar y que estaba medio cerrar. — Ve. Mientras te prepararé el chocolate caliente… espero que te guste, si no pensaré que eres una amargada.— Dijo en broma, para caminar hacia la hornalla y buscar en la heladera la leche, y en la lacena, los chocolates en barra que tenía, dejando que la joven tomara algo de confianza y pudiera secarse… que era lo más importante. Sin darse cuenta, Zadkiel estaba actuando como todo un padre, y no dudó en quejarse por lo bajo y bufar cuando se dio cuenta de ello.
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