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Saciando curiosidades | Libre

Mensaje por Nix Akernard el Mar Jul 29, 2014 2:57 pm

Lo primero que escucho al despertar es al agobiante despertador sonando al otro lado de la habitación,este se encuentra en un lugar estratégico en el cual debo estar obligada a levantarme o seguirá sonando hasta terminar de cansarme, sin abrir los ojos y aun acostada bajo mis sabanas tapo mis oídos con mi almohada e intento seguir durmiendo, me quedo así por unos minutos  que en irritante sonido del despertador me supera, me arrodillo en el colchón y tiro la almohada a la cómoda donde se encuentra el despertador, a unos tres metros de mi el despertador cae a los pies del mueble silenciándose con un estruendoso golpe — Que molesto— Murmullo, mientras en el fondo deseo que no se encuentre roto. Me acerco a el para evaluarlo pero cuando lo tomo en mis manos el tiempo comienza correr nuevamente y sigue sonando, del susto casi se me cae de las manos pero una vez a salvo al fin pude apagar el despertador, eran las 7:30 am y todavía tenia muchas cosas que hacer. Sería uno de los tantos días que salgo sin desayunar. Me dirijo rápidamente al baño para hacerme y quince minutos mas tarde ya estoy dentro de mis ropas formales lista para ir al trabajo. Esa ultima palabra resuena en mi mente, hace algún tiempo que estaba acumulando trabajo de oficina, no era mucho en verdad, tenia que ver con el registro de actividad de los Securitatem que trabajaban en mi escuadrón, al parecer tenia que ir a evaluar a los que trabajaban en el laboratorio central. No estoy segura si será una experiencia constructiva o destructiva pero a estas alturas ya me da igual lo que sea, es trabajo y lo tengo que hacer.

Salgo de mi residencia a un paso apresurado, no me gusta correr por las calles ya que generalmente están concurridas y solo estorbo y me estorban en el camino, por lo que corro por los tejados mientras evaluó si todo sigue en orden entre las personas que caminan a los pies de los edificios. Esas eran las habilidades que mejoraron en mí, rapidez y agilidad, si había algo que me encantaba era encontrarme en alturas y sentir la frisa hacer bailar mi cabello. Una vez cerca de Templum Cor salto de un tercer piso a la calle y camino como si nada, visto un uniforme de Securitatem o al menos llevo parte de este por lo que la gente sabe de lo que se trata, entro al laboratorio con pasos firmes y pregunto donde están los registros de los Securitatem que vigilan el lugar. Me indican una sala en el sexto piso y me dirijo a los ascensores por pasillos casi vacíos. No era la primera ves que me encontraba allí pero era común que el primer piso funcionara como recepción y no circularan tantas personas, una vez llegando al ascensor me apoyo por un momento al final de este ya que en el siguiente instante la puerta se esta abriendo, camino por el pasillo a un paso militar cuando veo a una persona salir por una de las puertas de forma apresurada y correr por el pasillo en sentido contrario al mio, al parecer no se dio cuenta que andaba por esos lados ya que había dejado descuidadamente la puerta abierta. No era parte de mi trabajo entrar a conocer el lugar pero siempre me había causado curiosidad lo que podía llegar a encontrarme en los laboratorios, al fin y al cabo tenia mas vocación de científica que de guardia. Al entrar a la habitación me encontré con mesa llenas de distintos objetos, al caminar hasta el final de esta habian varios tubos grandes conectados al piso, lleno de líquidos de distintos colores. — Que lindos colores. — Digo en un tono bajo acercándome a los tubos de colores para luego procesar y darme cuenta de lo idiota de mis palabras. Sea lo que sea seguro eran sustancian que usaban para experimentar con seres. Pese a esto mi curiosidad es demasiada y como no hay nada mas que puedo hacer me quedo pasmada mirando como sustancias medias gelatinosas se mueven dentro de ellas.

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Re: Saciando curiosidades | Libre

Mensaje por Xuen el Mar Jul 29, 2014 9:38 pm

¡Ha! En castigo, Dios o el Karma les enviarán a muchos igual que yo, lo sé. — Desde temprano aquel tigre ya andaba de las suyas, haciendo lo que más sabía hacer: Causar problemas y molestar, desquitándose con quien sea que esté en Templum COR. ¿Resentimiento? ¡Claro que lo es! ¿Acaso alguien tiene que ser inteligente para pensar que todo lo que viven los Daemons es una injusticia?... Una injusticia dura que se repite día a día, donde tragar con un nudo en la garganta era tan normal como el goce de un ciudadano de clase alta tragar su comida. Al menos, así lo veía Xuen, quien aprovechando que tenía su cuello y muñecas apresadas por una picota hecha de un pesado hierro, golpeaba el mismo instrumento contra los barrotes de su jaula, produciendo un ruido metálico y a la vez molesto que taladraban las orejas. Algunos se llevaban un susto debido a lo somnoliento que se encontraban… no había que culparlos, eran las ocho de la mañana.
La picota era un instrumento de tortura medieval y que al parecer lo seguían utilizando aún. Constaba de dos placas separadas, que juntas, construían tres orificios, siendo el central para apresar el cuello y los otros dos para las muñecas. Se preguntarán… ¿cuál es la tortura? Pues la horrible sensación de no sentir los hombros y brazos ya que las muñecas estaban alzadas a la altura del cuello, sin reposo alguno. Pero no solamente era eso, también se usaba como instrumento de detención pública, generalmente para la humillación de una persona. Sí, por las maldades que hacía el tigre era humillado en frente de sus compañeros; les serviría para concientizar de un modo tirano a los demás Daemons para que no se conviertan en lo que Xuen predijo: “les enviarán a muchos igual que yo”.

No soy tonto, es obvio que me tienen apresado puesto que luego los problemas se les van de las manos cuando estoy libre. Siquiera con mis brazos y cuello sin poder mover les soy peor que una mosca dentro del oído. — Pero luego de decir aquello, se escuchó un fuerte grito rondar por el lugar y que provenía de la recámara donde estaba encerrado él, bajo un sótano. No se alarmen, no fue él, sino la persona que quiso propinarle un golpe en su rostro. Xuen no era un chico que solo podías ganarle con la fuerza, pues el astuto e ingenioso felino era mucho más que eso, quizá el ejemplo perfecto de rebeldía entre los Daemons. —Eres tonto… ¿cómo se te ocurre golpearme en el rostro sabiendo que tengo una placa de metal puntiaguda cercana a mí?...— En efecto, un pequeño movimiento fue lo suficiente para cambiar el blanco del hombre, haciendo que el mismo guardia se tome su diestra, agachándose por el dolor de haberle propinado un fuerte e inesperado golpe a aquella placa, y para peor, a la punta de la misma. Lo que siguió, fue el remate de Xuen, agachándose para luego darle un cabezazo con fuerzas sobre la coronilla ajena, dejando inconsciente así al guardia, recostado en el suelo. Acto seguido, Xuen recostó su cuerpo para con ayuda de su boca retirar la llave que tenía aquel hombre colgando de su cinturón. — Vamos… vamos… — Murmuraba, algo nervioso, pues aquella llave era la que podía abrir su celda, ansiando ponerle libertad a todos sus compañeros… era una de sus utopías, dentro de esta distopía. Por suerte, logró tomar la llave con su dentadura y luego insertarla en el ojo de la puerta de la reja, abriendo la misma. Sí, Xuen era  tan problemático que incluso los guardias se metían dentro de su jaula, cerrando la misma… pero eso no le quitaba chances de escapar, solamente tiempo.

Una vez fuera de su jaula, comenzó a correr por un trayecto que no era más que un sendero y que a los costados habían más jaulas, donde cada una contenía a algún que otro joven de su misma talla. — Chicos, espérenme, los sacaré de aquí… buscaré la llave maestra. — Luego de unos minutos, logró salir del sótano sin poder olvidar los rostros sorprendidos de sus compañeros, los cuales de alguna manera u otra mantenían la fe en él… en el único espécimen dentro del lugar interesado en sacarlos a todos o que al menos tenía chances.

No obstante salió de aquel piso subterráneo, encontró que unos guardianes ya estaban dirigiéndose allí para auxiliar a su compañero, quien de una manera tonta fue abatido por el gruñón. Sí, gruñó al ver que sus planes cada vez eran más difíciles. Miró hacia los dos lados mientras aquellos hombres corrían hacia él, encontrando otro pasaje por el cual desviarse y que sin dudar utilizó… era cuestión de suerte lo que le depararía después, puesto que él no sabía siquiera cómo era el lugar, nunca tuvo la oportunidad de tomar un plano con sus manos y aprenderlo.
Cuando parecía que estaba escapando, corriendo hacia la nada como siempre, pero con un objetivo claro, sintió una descarga eléctrica en la zona de su cuello y que luego se propagó por todo su cuerpo, tensando al segundo sus músculos y nervios, desorientándolo y así cayendo al suelo, raspándose una mejilla con el mosaico.

Debo seguir… Me necesitan… Cuerpo de mierda, m-muévete…— Se repetía a duras penas, mientras se arrastraba en el suelo a la velocidad de un caracol, siendo alcanzado por los guardias del lugar y siendo nuevamente reducido y por qué no, maltratado también, sintiendo los golpes que le daban como zumbidos fuertes. Sentía que todo le pesaba, se sentía perdido y a la vez lleno de impotencia… no importa cuánto espíritu tenga, su cuerpo no actuaba y su mirada se iba desgranando. Estaba despierto y semi consciente, pero con el correr de los segundos no era más un peso muerto.

Sin duda alguna aquello causó un alboroto, suspiros y algún que otro rostro meneándose al ver al mismo personaje de siempre cometer sus delirios.

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Re: Saciando curiosidades | Libre

Mensaje por Nix Akernard el Miér Jul 30, 2014 4:17 am

Espabile de un momento a otro, en verdad eran increíbles las sustancias contenidas en esos recipientes, de colores tan fuertes y llamativos. Seguro eran horriblemente toxicas para quien las consumiera o a quien se las inyectaran. Desvíe la mirada de ellos y comencé a examinar los alrededores, ya me encontraba en ese lugar por lo que me era imposible irme sin haber visto todo lo que se encontraba allí, ojala pudiera saber que son todas estas cosas, que tienen que mezclar para lograr formar sustancias tan extravagantes. Siempre he dejado que mi curiosidad me guíe, al menos de esta manera tengo una escusa (aun que no sea valida) para merodear por los alrededores, desde pequeña pensé que mi sed de conocimiento era tan grande que en verdad tenia mas vocación de científica que de guardia, quizás si todo hubiera resultado distinto hubiera sido yo la que habría modificado a otras personas en lugar de ellos a mi. Un escalofrió recorrió mi espalda mientras trataba de alejar este pensamiento de mi mente; mis ojos miraban en busca de otra cosa que pudiera llamarme la atención. Apoyada en una pared un estante con distintos frascos vacíos, jeringas y otros utensilio de distintas formas y tamaño se dejaban ver a la perfección mostrando el brillo de los filos en algunos; mas hacia el comienzo de las sala habían unas mesas las cuales había ignorado al entrar, distraída por los exóticos líquidos, sobre una de ellas, jeringas usadas dejaban caer por las puntas algunos de los líquidos que tan curiosos resultaban para mi. Al acercarme observe como estos mismos líquidos de colores se mezclaban formando un pequeño charco grisáceo entre los utensilios, mi estomago se revolvió por un momento y me alegre de no haber desayunado aquella mañana. En verdad ser científico, tampoco era una vocación para mi, ni nada de lo que pudiera hacer para ayudar a surgir a esta sociedad lo era, es como si hubiera nacido para formar parte de los Defectionis.

El encontrarme con esta sustancia me quito las ganas de seguir indagando más, no quería intentar pensar en los experimentos que se hacían en aquel lugar, no por ahora. Esto resultaba muy bueno por que tenia trabajo que hacer y no debía distraerme por mucho tiempo. Salí de aquel laboratorio como si saliera por la puerta de mi casa, no tenia que sentirme insegura, no había echo nada malo, por suerte nadie de los que se encontraban en el pasillo les importo que un guardia estuviera en una sala de experimentos, todos parecían muy preocupados en sus asuntos como para prestarme algo de importancia, lo que resultaba mejor para mí. Camine hasta el final del pasillo donde se encontraba lo que era la recepción de la oficina de seguridad en Templum Cor; era normal encontrarse con algo como eso en el laboratorio principal ya que este tenia extrema seguridad. Al acercarme una joven me recibió con una sonrisa, — Buenos días, vengo a evaluar los registros de actividades. — Mostré mi identificación a la joven, a lo cual ella respondió asintiendo e invitándome a pasar a una puerta a la derecha. Abrí la puerta que ella me había indicado, al hacerlo me segué momentáneamente por la clara habitación a la que había entrado, todo estaba pintado de un color blanquecino y en lugar de una pared había un vidrio que dejaba ver la ciudad desde las alturas de los pisos mas bajos del laboratorio principal, era un lugar que me causaba incomodidad. Lo único que había allí era un escritorio con tres pantallas de computadores sobre el, al sentarme pude ver como la pantalla que se encontraba en el centro me pedía una contraseña, anote un puñado de cifras y al instante muchas ventanas se abrieron en las distintas pantallas que estaban frente a mi, en ella registros de los guardias, cuantos estaban designados a este centro, las subdivisiones y actividad realizaban en cada una de ellas, también registros de los Daemons que cuidábamos, los nuevos, los antiguos y los que asesinábamos, se me hizo un nudo en la garganta al observar la lista de estos últimos, no era la primera vez que la veía, pero era claro como aumentaba en cada visita. Me concentre en terminar el trabajo lo mas rápido posible para salir pronto de ese lugar y una vez terminado con la parte virtual de la experiencia pude salir para comenzar con la superstición física.

Llegue nuevamente al ascensor, esta ves sin distracciones y ahora me dirigí a los pisos subterráneos. 5, 4, 3, 2, 1 se apreciaban los números en el ascensor mientras bajaba al sótano de Templum Cor ese era el lugar donde guardaban a los Daemons para evitar que se escapen. -1, -2, seguían avanzando cuando agache la mirada y al fin la puerta se abrió mostrando un lugar completamente distintos a los pasillos de los pisos superiores. No demore mucho en encontrarme con un grupo de soldados reunidos en los pasillos. — ¿Que esta sucediendo? — Dije con una voz fuerte a los guardias, palabras ante las cuales se tensaron.  — Este delincuente ha golpeado a uno de los guardias y ha intentado escapar, lo hemos arrastrado desde los pisos superiores. — Respondió sin duda uno de los guardias apuntando al joven que hace unos momentos golpeaban en el piso. — ¿Que acaso son unos idiotas? — Solté en un tono elevado. — Su deber es cuidar este lugar, para ellos su principal misión es mantener controladas a estas criaturas. — Me acerque al cuerpo del joven y le di dos golpecitos en el estomago con la punta del pie. — No pueden permitir que estas criaturas se rían de ustedes. — Eleve la voz a la vez que le daba una patada mas fuerte al Daemon tirado en el piso, el cual no tenia ninguna posibilidad de defenderse. Detestaba actuar de esta manera, odiaba el maltrato hacia los Daemons y los experimentos que hacían con ellos y con los Securitate pero tenia que actuar de esta forma; sabia que nada de lo que ocurría en esta sociedad estaba bien, que todo era corrupción y experimentos pero yo solo soy otro peón del sistema, lo que mas puedo hacer por ahora es esperar y sublevarme cuando sea el momento correcto.

El silencio se había apoderado de todo una vez mis palabras se detuvieron, silencio que solo fue acabado por mis mismas palabras. — Hoy he venido a evaluar su trabajo, espero ver cosas mejores que estas en mi estancia. — Hablo esta vez a un volumen controlado, a lo que los guardias asienten. — Llévenlo a una de las salas de castigo, yo me encargare de él. — Les ordene y luego le pedí los registros de conductas de los Daemons para evaluarlo y luego dirigirme a la sala de castigos en donde se encontraba el Daemon recientemente apaleado, Xuen, abrí la puerta y la cerré tras de mí, no iba a permitir que este ser se escapara nuevamente. — Un gusto conocerte Xuen. — Le dedique una mirada. — Por tu expediente de conducta puedo decir que eres tan imbécil como el guardia que te dejo escapar de tu celda. Cuéntame ¿Cual es la razón para meterte en tantos líos? — No podía intentar ayudarlo como quería, pero si seguía actuando de mala manera seria su nombre el siguiente que leería en la lista de Daemons asesinados.
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Re: Saciando curiosidades | Libre

Mensaje por Xuen el Miér Jul 30, 2014 11:43 pm

Aquella patada que la rubia guardiana le propinó en su abdomen definitivamente lo remató, acabando con las pocas energías que él tenía. Su estómago quedó duro, perdiendo la respiración por unos segundos, abriendo su boca lo más que podía en el desespero de poder aunque sea tomar una bocanada de aire. Sí, estaba cansado, maltratado y encima casi sin poder respirar y al menos, por unos dos minutos estaría así. Quedó con su mirada hacia arriba, observando los tubos de luz que iluminaban todo el lugar, obviamente que su mirada se encontraba perdida y empañada, además de apenas reconocer dónde estaba. Escuchaba las voces en cámara lenta, sin duda alguna perdió el conocimiento. “Ahg… qué problema. Justo que el pelirrojo no está trabajando hoy y sale esta mujer de la nada… Qué mala suerte la mía. Supongo que las cosas deben ser así… pero qué injusto, no importa cuánto me las apañe, esos dos son unos monstruos. Al fin y al cabo él tenía razón, hay más como él… lo siento chicos, pero no creo que hoy sea el día…” Finalmente sus ojos se cerraron de a poco, volviéndose todo negro en sus adentros, marchitando su vista. Por suerte pudo comenzar a respirar con normalidad, a pesar de que le incomodaba el hecho de tener un pedazo de hierro que le sostenga su nuca, pues el peso corporal de él le causaba algunas lesiones en esa zona. No era algo para quejarse, él estaba acostumbrado a todo aquello. A los castigos, al dolor, a la impotencia… era el pan de cada día para la gran mayoría de Daemons.

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— ¿¡Por qué?! ¡Sí estás en contra de que nos maltraten por qué no nos dejas salir! Me da igual si muero en el intento… al menos con saber que alguien escapó de aquí y pudo hacer la vida que yo nunca pude tener… me sentiré feliz. —

— Ya déjalo... Está muerto. Lo siento, pero eres débil… quieres hacer algo grande cuando sabes que te ha tocado la peor parte. Puede que me derroten, puede que escapen… pero habrá más como yo buscándolos, sacando que han podido retirarse ese collar. —

— ¡Cállate, no sabes nada! —

— Escúchame, idiota. Estás estropeando lo que hago día tras día, que es intentar que ustedes estén vivos y pasen por el menor de los males. Tus acciones fueron la raíz de la muerte de ese chico… ¿No te das cuenta que estás empeorando las cosas? —

— Algún día se arrepentirán de todo, les devolveré el favor que nos han hecho y destruiré este lugar con ustedes dentro, lo juro. —

— Eso se ve medianamente interesante… Para llegar a mí tendrás que pasar por algunos antes, después de todo soy el jefe de todos estos tarados… da igual si los matas en el trayecto, pero debes saber que no son todos iguales. Sí, la razón de tu deterioro es porque no confías en nadie más que tú… como si tú llevaras toda la carga. Tsk… qué molestia. —


Mientras estaba desmayado recordó como si fuese un sueño una escena que ha tenido antes con un guardia, mejor dicho, con el jefe de todo el cuerpo de los Securitatems que albergaban el recinto. ¿Un aliado entre el personal de seguridad?... Puede ser, pero Xuen en aquellos momentos y al tener en sus brazos a un compañero fallecido, le era muy difícil pensar en todo y de manera fría. Ciertamente lo que menos se podía hacer en este lugar era sentarse y pensar, pues los problemas para los Daemons eran constantes. Era obvio que la mente de ellos siempre iba a funcionar a mil, mientras que los poderosos guardias siempre iban a estar calmados y sin estar fundidos emocionalmente. Ser un Daemon era el antónimo perfecto de los Securitatems.

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Cuando su cuerpo se lo permitió, abrió sus ojos con levedad. Su cuerpo sucio por la transpiración seca que tenía arraigada a su piel mientras que se podía contemplar que su rostro estaba algo sucio por la misma razón. Con tan solo ver la pared de esa sala y la luz pudo darse cuenta del lugar, él estaba familiarizado con la sala de castigos pues para él era como un segundo hogar. Escuchó una voz fémina, alzando su rostro para poder observarla… era la rubia joven que se había tomado la molestia de darle el golpe de gracia.
Con parte de las energías restauradas, él frunció el entrecejo, observándola con una mirada punzante. — ¿Y ahora vienes con modales?... ¿Acaso eres idiota? ¿No te han enseñado que no se debe patear en el abdomen? — Gruñó por lo bajo, cual felino. Primero le golpeaba y luego intentaba ser razonable con él, algo que le cayó demasiado mal. Para él no era más que una muestra de prepotencia.
Se movió apenas, estirando un poco su cuerpo. Estaba sentado, con sus piernas atadas a las patas de una silla y su pecho encadenado en el respaldo de la misma. Podía escapar, había una chance de hacerlo, pero eran demasiado ínfimas.

— ¿Acaso eres idiota en serio…? Es obvio que para molestarlos. Si voy a sufrir yo al menos pienso hacerles la vida imposible. Si crees que por una patada me voy a acurrucar estás equivocada, mujer. — Aún con esa mirada punzante y desafiante sobre la chica, moviendo su cuerpo con algo de brusquedad en un intento vano de escapar o al menos de desprender alguna de sus extremidades. Por desgracia, aún llevaba la picota en su cuello y muñecas. — ¿Por qué no te pierdes, gorda? — Le sacó la lengua. — ¿Sabes cómo te dicen? Parrilla chica. ¡Pues porque se te cae la carne por los costados! — Debía hacer tiempo y comenzar a pensar en un plan, el tigre no estaba acabado aún. No, aún no.

Gracias a aquel recuerdo con el pelirrojo guardia, él pudo comprender algo… debía hacer las cosas al revés o de un modo diferente. Estaba seguro que si las hacía el resultado iba a cambiar o quizá para peor, pero al menos esta vez no iba a perder a nadie más. Podrán ser unos monstruos y superarles en fuerza y en número, pero él más que nadie confiaba en lo que más le ha dado frutos aquí dentro: En su ingenio.

Con ayuda de su cuerpo, agitándolo de manera brusca, movía a rastras la silla donde estaba sentado y a una velocidad de tortuga, intentaba acercarse a la puerta para poder salir nuevamente, ignorando las palabras de la joven o mejor dicho, siéndole indiferente a su existencia. — En fin, tengo que salir de aquí antes que se me pegue lo idiota. — Murmuró en voz alta mientras aún intentaba escapar de esa manera tan niñata y caprichosa.
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