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Neko Hanten(priv Hanata)

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Neko Hanten(priv Hanata)

Mensaje por Ezekiel Leroux el Jue Sep 11, 2014 8:03 am

El calor del medio día en las callejuelas de la ciudad hacia que hasta la más leve caminata, incluso a la sombra, pareciese una procesión por el infierno, esto podría ser un problema para la mayoría de las personas e incluso para los damons o miembros del securitatem, sin embargo esto no suponía ningún problema para la figura que caminaba por los callejones del distrito de los restaurantes en pos de su café favorito, el sujeto vestía con una gabardina negra, con la insignia del templum a la espalda y en el frente una ornamentada letra “V” adornada con un girasol, un sombrero de fieltro y ropa casual, jeans  y una camiseta azul, completaban su conjunto, cualquier persona solo de verlo moriría de calor, el sombrero que cubría su cabeza y le protegía,  al mínimo, de los rayos del sol, únicamente servía para ocultar su mirada de los curiosos, la persona que caminaba campante por esa ruta al infierno no era otro que Ezekiel, uno de los jefes del Templum, siguió por la avenida principal hasta adentrarse entre las callejuelas que subían y bajaban por las laderas en las que estaba construida la parte norte del distrito, le encantaba perderse por ahí y encontrar nuevos lugares para comer, sin embargo ese día en particular tenia antojo de un platillo que solo servían en el “Neko Hanten” aun asi eso no le impedía disfrutar por un paseo por los callejones mientras aclaraba su mente, los recuerdos de aquel dia en el bosque venían a su memoria y le hacían dibujar una sonrisa hambrienta en su rostro, aquella chiquilla tenía un secreto, un secreto bastante bueno, si era buscada por securitatem o si huía de ellos, que más daba, el necesitaba saber, después de todo, ese era su trabajo: Saber.

Se deslizo entre las callejuelas hasta llegar a una pendiente vallada a ambos lados por jardines de árboles frutales, era un milagro que no estuvieran resguardados por guardias, pero aquellos eran sitios poco frecuentados, al menos los caminos, ya que debido todos los problemas del pasado era raro verlos, pero no debido a la contaminación y la radioactividad, eso lo arreglo en un tris, sino más bien porque la nobleza, parias, creía que todo lo bello que quedaba en el mundo solo podía ser para ellos, de suerte había comida para todos, si no fuera porque temieran un levantamiento y por qué necesitaban de ellos, las cosas serían algo distintas.

Mientras cavilaba llego sin darse cuenta a su lugar de almuerzo, sin embargo había algo diferente, con el olorcillo a comida deliciosa había mezclado un aroma floral que ya había olido antes, miro hacia el aparador y vio a la chiquilla del bosque mirando fijamente hacia el restaurante, tal vez decidiendo si comer ahí o no, pero ese pensamiento se borró casi al instante al escuchar como gruñía su estómago y solo se quedaba ahí mirando fijamente.

-sabes, es una lástima que tendré que comer tanto y yo solo-le susurró al oído al tiempo que le soplaba ligeramente y le sonreía con malicia.

Mientras tomaba un asiento en la terraza y una de las camareras le daba el menú, a lo que el simplemente respondió con una sonrisa y manoseando un poco el trasero de la camarera que se retiró sonrojada hasta que fuera llamada nuevamente, miro a la pobre chiquilla que seguía fuera de frente al aparador con gesto burlón y espero a que le trajeran su tentempié habitual.

Ezekiel Leroux



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Re: Neko Hanten(priv Hanata)

Mensaje por Hanata el Jue Sep 11, 2014 4:30 pm


No sabia con exactitud cuantos días habían transcurrido desde el incidente que la había dejado el libertad, fuera de las manos de aquel lugar al cual por tanto tiempo había llamado de alguna manera su hogar. Pero el cambio notorio de la iluminación distinta entre los días y las noches, daban a entender que no eran más de cinco, pero tampoco menos de dos. Que difícil era la vida nómada en un lugar donde no se conocía a nadie ni se podía creer en todos, incluso su intento de supervivencia en el bosque resultaba casi imposible, sus conocimientos aprendidos eran muy escasos, no por falta de interés, sino por falta de personas que la enseñasen; al tempo no le convenía de ninguna manera, cualquier tipo de situaciones o motivos que te dieran una pizca de libertad; para resumirlo todo seria la mezcla perfecta de la dependencia hacia una persona que compra tu ser por unas cuantas monedas de oro y a la cual tu obediencia y disposición a todo serian el precio justo de la diminuta esperanza llamada libertad de la que hablaban los Daemons deseosos de conocer a su amo.

Era tiempo de marcharse de aquel bosque, aunque lanzaría la moneda al aire y de ambos lados que cayese seria la opción de volver nuevamente; después de todo era el único lugar en el cual nadie podría encontrarla jamás…aun cuando ello significara su vida; solo aquellos quienes han tenido la fortuna, o quizás la desgracia, de permanecer una noche completa entre las profundidades del bosque podría entender el sentimiento de que cada segundo cuenta, aquella sensación en la que piensas que será tu último día de vida. Era algo tortuoso.

Esta vez tomó un camino diferente al cual había llegado, una vereda un poco estrecha la cual no se veía muy frecuentada por las personas, aquello era perfecto para dar una vueltas por el lugar y encontrar algo que pudiera comer, a estas alturas hasta un trozo de pan tirado en un zafacón seria un mangar de los dioses del olimpo. Tenia días sin comer; no había tenido mucha suerte en sus días de fuga, a excepción de algunos trozos de frutas que se encontraban por el suelo resultante de las sobras de los animales pequeños; y ni mencionar el hecho que se había emprendido su viaje sin retorno justo el día antes de que fuera alimentada, normalmente habían 3 a 4 días de por medio entre una comida y otra. Esa era la vida que le había tocado vivir.

Antes de percatarse se encontraba en una especie de pueblesito, no habían tantas personas como en el centro de la ciudad, así que podría estar segura, aquí nadie la reconocería, sus orejas se encontraban cubierta tras aquel adorno de flores que parecía más un adorno que un tipo de refugio. Caminó sin rumbo mirando de un lugar a otro, no esperaba nada, sus esperanzas habían muerto desde antes de nacer.

Un aroma agradable irrumpió sus pensamientos a la vez que habría aun más su apetito ya salvaje, sus piernas se movieron solas, como si se tratara de una marioneta en manos de su titiritero; segundos después se encontró a si misma en un pequeño local de comida… todo se veía tan delicioso, su diestra se dirigió a sus bolsillos pero no había más que polvo dentro de ellos; tendría que marcharse del lugar.
Antes de que sus piernas digitasen movimiento alguno, la voz de un intruso se escucho desde su espalda, era una voz familiar, era capaz de reconocer la voz de una persona durante años.

Que trataba de hacer? Un comentario tan estúpido e insensible como aquel, sentía tanta impotencia en aquel momento que casi una lagrima se derramaba de sus ojos, pero no tenia ánimos ni fuerzas para pelear con el ajeno, su mirada ahora se dirigía al suelo a la vez que el ajeno tomaba asiento en la terraza. La voz de una tercera se hizo presente, se trataba de una camarera del lugar. Levanto tímidamente la cabeza, los ojos del ajeno se encontraban posados sobre ella con un gesto de burla a la vez que tocaba a la mujer que tomaba su pedido.

–entonces si tenia razón en pensar que eres un pervertido y psicópata –fueron las únicas palabras que se escaparon de sus labios, aunque para ser verdad no valía la pena que le dirigiese alguna. El coraje se apoderó de ella en ese momento, se acerco al mostrador tomando lo primero que se encontraba al alcance de su mano, un sándwich de queso y unos cuantos caramelos que no excedían de tres.

–ponlo en la factura de él –comentó señalando al ajeno a la vez que daba un mordido al pedazo de pan que se encontraba en su diestra. –tómalo como una forma de pago por haberme estado acosando –añadió mientras se acercaba al ajeno para tomar una de las servilletas que se encontraban en la mesa. –quizás así aprendas a no perseguir a las personas –suspira –haz estado siguiéndome todos estos días? Qué clase de maniático eres? –dando otro bocado de pan, sus mejillas estaban llenas de mayonesa, era más que obvio que ni siquiera entendía el significado de etiqueta y protocolo.
Y aunque así fuera, quien podría acatarse a las reglas y los cuidados en la mesa después de tanto tiempo sin siquiera una migaja de pan?

Hanata



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